son moscas, moscas que vuelan en el presente en forma de recuerdos, moscas que vuelan a tu alrededor en formas y deformes humanos,moscas que habitan y mueren en tu cráneo, agotando el tiempo de convertirse en abejas...insectos de diversas formas, grillos que gritan su estupidez, luciérnagas que te invitan a iluminar tu existencia, cucarachas que no tienen nada que hacer, salvo vagar y fagocitar su entorno, sin violencia, por inercia...si tuviera que elegir, preferiría haber nacido Mariposa, pero salvo cuando suena la música o me veo reflejada en tu tierna mirada, me siento presa de una asfixiante tela de araña...
Sin embargo, parece que ésta se ha cansado de amenzarme y quiere divertirse viendo como percibo este entorno..ha liberado mis párpados...y he visto una vía de escape...tengo que ir despacio, pero vuelvo a soñar y no son pesadillas. Gracias a los que siempre estáis ahí, aunque nos separen abismos y tormentas...
domingo 19 de abril de 2009
sábado 27 de diciembre de 2008
CAMINANDO POR EL BORDE (cuentecito)
Caminando por el borde … dejaba mi rastro negro, mi oscuridad abrasaba la superficie por la que pasaba. Había olvidado mis húmedos orígenes, llenos de lágrimas, pero dirigía mis pasos hacia un claro objetivo, que se difuminaba en la esperanza de lo abierto. Los terrenos que quedaban a mis costados eran radicalmente diferentes. A un lado, la tierra vital, la semilla sonriente del infante, el rosado de la piel del recién nacido, surcos arenosos que dibujaban figuras celestiales. Al otro lado, líneas de nocturnidad, brumas de tiniebla, la mueca de disgusto del infeliz, la tragedia de haber nacido, el negro de las ojeras del cadáver.
Decían que mi pueblo era famoso, pues, aunque había poca gente censada, era una soledad extraordinariamente poblada. Su nombre era Presor. Ubicado en un valle entre dos grandes montañas, de esas que poseen nombres que empiezan por mayúscula y que todo el mundo ha leído o pronunciado alguna vez. Una caía bajo la etiqueta de Euforia. La otra era Alegría.
Precisamente la brecha que interrumpía este paisaje, convirtiéndolo en una postal simétrica, era la línea que mi caminar estaba dibujando. Cuando atendía a Euforia, la vitalidad inundaba mi ánima y el eco de la carcajada teatral retumbaba por todo el valle. La única pega era que parecía imprescindible permanecer con los ojos cerrados. Sin embargo, al abrirlos y atender a Alegría, el mundo se volvía negro y lo que en un primer momento parecía rosado y espumoso, era ocultado por la pesadumbre de la angustia, por el esfuerzo de levantar la pesada carga de las pestañas para alzar la mirada.
Nadie entendería nunca lo que significa vivir como Eye-Liner, marcando la diferencia con su negrura, siempre en todas partes, nunca en ningún sitio, salvo muerto… en fin, caminando por el borde.
Decían que mi pueblo era famoso, pues, aunque había poca gente censada, era una soledad extraordinariamente poblada. Su nombre era Presor. Ubicado en un valle entre dos grandes montañas, de esas que poseen nombres que empiezan por mayúscula y que todo el mundo ha leído o pronunciado alguna vez. Una caía bajo la etiqueta de Euforia. La otra era Alegría.
Precisamente la brecha que interrumpía este paisaje, convirtiéndolo en una postal simétrica, era la línea que mi caminar estaba dibujando. Cuando atendía a Euforia, la vitalidad inundaba mi ánima y el eco de la carcajada teatral retumbaba por todo el valle. La única pega era que parecía imprescindible permanecer con los ojos cerrados. Sin embargo, al abrirlos y atender a Alegría, el mundo se volvía negro y lo que en un primer momento parecía rosado y espumoso, era ocultado por la pesadumbre de la angustia, por el esfuerzo de levantar la pesada carga de las pestañas para alzar la mirada.
Nadie entendería nunca lo que significa vivir como Eye-Liner, marcando la diferencia con su negrura, siempre en todas partes, nunca en ningún sitio, salvo muerto… en fin, caminando por el borde.
domingo 9 de noviembre de 2008
PROYECTO INVESTIGACIÓN
Introducción: la diferencia como el acto heroico de pensar y decir lo no-pensado y no-dicho.
Pensar y decir lo imposible de ser dicho y pensado desde un pensamiento y un discurso que no sea artístico, constituye la diferencia y no como un ente cosificado, reducido a algo, sino como lo que acontece “entre” la perspectiva estética, que facilita sus condiciones de posibilidad y el hipotético desarrollo ulterior de un nuevo paradigma gnoseológico.
Esta diferencia es entendida como un acto heroico. Acto en la medida en que es presente, es ejercicio (acción, ejecutar) micropolítico, y es actitud (perspectiva). Heroico porque ofrece resistencia, en sentido eléctrico (dispositivo que cortocircuita), como forma de oposición, en dos frentes: versus lo otro (identidad, igualdad y mismidad) y versus los otros (fatum trágico y social).
Así, la perspectiva estética, es decir, las formas artísticas fantasiosas (literatura, cine, teatro) abren espacios –que de manera discursiva quedan bloqueados por la propia estructura sintáctica del lenguaje natural- para un posible desarrollo de ese nuevo paradigma citado, que se fundamentaria en la noción compleja de una identidad dinámica (dinamis identitaria), no estable. Y así, el cómo de este desplegarse emerge desde ese ejecutar micropolítico que no deja sistematizarse.
Con Adorno, la filosofía a construir es una especie de ars inveniendi y su organon es la “fantasía exacta” o la composición por elementos mínimos (proceder paratáxico, serial, frente al sintáctico). No es tarea del filósofo –en tanto artista creador cotidiano, esteta o literato- la de investigar intenciones ocultas y preexistentes de la realidad, sino la de interpretar una realidad carente de intenciones de suyo –al margen de los poderes- mediante la construcción de figuras (catacresis), de imágenes a partir de los elementos aislados de la realidad. Así pues, es a partir de la experiencia del arte, que la filosofía podrá asumir una de sus tareas, a saber, la de pensar y decir lo imposible de ser dicho (en otro discurso que no sea el artístico).
El punto de vista, pues, es “ontoestético” como posible fundamento psicológico. Este término se dice de aquella posición artística (estética) que incide, interrumpe e interviene en eso llamado “mundo” y que, desde y en la escena, despliega el campo epistémico que configura la realidad (ontológico, pero quitando primacía al clásico logos). Nos interesa experimentar con la singularidad (desde el pensamiento de la diferencia) como hipótesis a defender, y con el principio de identidad, como hipótesis a refutar. Singularidad e identidad, por tanto, como claves para comenzar a pensar a un nuevo intento de individuo, que nos aclare y nos acerque a esa teoría del conocimiento y psicología adecuada para comprender el tiempo que vivimos.
Nos apoyaremos en:
- Deleuze: su visión rizomática, de flujos, velocidades y afecciones, nos sirve para darle un lugar al individuo en esta geometría del absurdo que constituye el entramado en movimiento de la identidad (ser deveniente, soy siendo; esotropía intencional: eso otro entrópico con diferenciantes relacionales).
- Nietzsche y Heidegger. Fundamentos y presupuestos de esta corriente de pensamiento.
- Sloterdijk: antropotecnia; humanismo contemporáneo insertado en su tiempo y el pensador en escena.
Objetivos y estructura:
Proponer unas afueras del pensamiento institucionalizado que modelicen desde la literatura, desde la narración, desde la experiencia estética, esa nueva dinámica gnoseológica.
Como Julio Verne escribió en sus novelas lo que la ciencia calculó años más tarde, como las heroínas del cómic de los 50 tenían la fuerza, el derecho y el reconocimiento que el feminismo y el pensamiento de la diferencia sexual conseguiría en el plano político y del derecho más tarde, como el trampantojo encontró el “entre” de la pintura y la arquitectura, teorizado mucho más tarde por ingenieros y teóricos del arte.
En fin, atender a esa fantasía, ficción en ese sentido, no como una creación marginal, que en el mejor de los casos, corre paralela al discurso hegemónico de la Ciencia y de la Filosofía, sino como el reducido espacio que el sistema actual permite para la invención de lo vigilado (y en algunos casos prohibido), es decir, para la apertura de lo diferente.
Como en el teatro clásico, tres actos constituyen el recorrido. El primero transcurre por una breve introducción a los precedentes de la cuestión. El segundo desarrolla la idea básica del trabajo, a saber, la diferencia heroica. Por último, desplegamos la el aspecto estético anteriormente mencionado.
Pensar y decir lo imposible de ser dicho y pensado desde un pensamiento y un discurso que no sea artístico, constituye la diferencia y no como un ente cosificado, reducido a algo, sino como lo que acontece “entre” la perspectiva estética, que facilita sus condiciones de posibilidad y el hipotético desarrollo ulterior de un nuevo paradigma gnoseológico.
Esta diferencia es entendida como un acto heroico. Acto en la medida en que es presente, es ejercicio (acción, ejecutar) micropolítico, y es actitud (perspectiva). Heroico porque ofrece resistencia, en sentido eléctrico (dispositivo que cortocircuita), como forma de oposición, en dos frentes: versus lo otro (identidad, igualdad y mismidad) y versus los otros (fatum trágico y social).
Así, la perspectiva estética, es decir, las formas artísticas fantasiosas (literatura, cine, teatro) abren espacios –que de manera discursiva quedan bloqueados por la propia estructura sintáctica del lenguaje natural- para un posible desarrollo de ese nuevo paradigma citado, que se fundamentaria en la noción compleja de una identidad dinámica (dinamis identitaria), no estable. Y así, el cómo de este desplegarse emerge desde ese ejecutar micropolítico que no deja sistematizarse.
Con Adorno, la filosofía a construir es una especie de ars inveniendi y su organon es la “fantasía exacta” o la composición por elementos mínimos (proceder paratáxico, serial, frente al sintáctico). No es tarea del filósofo –en tanto artista creador cotidiano, esteta o literato- la de investigar intenciones ocultas y preexistentes de la realidad, sino la de interpretar una realidad carente de intenciones de suyo –al margen de los poderes- mediante la construcción de figuras (catacresis), de imágenes a partir de los elementos aislados de la realidad. Así pues, es a partir de la experiencia del arte, que la filosofía podrá asumir una de sus tareas, a saber, la de pensar y decir lo imposible de ser dicho (en otro discurso que no sea el artístico).
El punto de vista, pues, es “ontoestético” como posible fundamento psicológico. Este término se dice de aquella posición artística (estética) que incide, interrumpe e interviene en eso llamado “mundo” y que, desde y en la escena, despliega el campo epistémico que configura la realidad (ontológico, pero quitando primacía al clásico logos). Nos interesa experimentar con la singularidad (desde el pensamiento de la diferencia) como hipótesis a defender, y con el principio de identidad, como hipótesis a refutar. Singularidad e identidad, por tanto, como claves para comenzar a pensar a un nuevo intento de individuo, que nos aclare y nos acerque a esa teoría del conocimiento y psicología adecuada para comprender el tiempo que vivimos.
Nos apoyaremos en:
- Deleuze: su visión rizomática, de flujos, velocidades y afecciones, nos sirve para darle un lugar al individuo en esta geometría del absurdo que constituye el entramado en movimiento de la identidad (ser deveniente, soy siendo; esotropía intencional: eso otro entrópico con diferenciantes relacionales).
- Nietzsche y Heidegger. Fundamentos y presupuestos de esta corriente de pensamiento.
- Sloterdijk: antropotecnia; humanismo contemporáneo insertado en su tiempo y el pensador en escena.
Objetivos y estructura:
Proponer unas afueras del pensamiento institucionalizado que modelicen desde la literatura, desde la narración, desde la experiencia estética, esa nueva dinámica gnoseológica.
Como Julio Verne escribió en sus novelas lo que la ciencia calculó años más tarde, como las heroínas del cómic de los 50 tenían la fuerza, el derecho y el reconocimiento que el feminismo y el pensamiento de la diferencia sexual conseguiría en el plano político y del derecho más tarde, como el trampantojo encontró el “entre” de la pintura y la arquitectura, teorizado mucho más tarde por ingenieros y teóricos del arte.
En fin, atender a esa fantasía, ficción en ese sentido, no como una creación marginal, que en el mejor de los casos, corre paralela al discurso hegemónico de la Ciencia y de la Filosofía, sino como el reducido espacio que el sistema actual permite para la invención de lo vigilado (y en algunos casos prohibido), es decir, para la apertura de lo diferente.
Como en el teatro clásico, tres actos constituyen el recorrido. El primero transcurre por una breve introducción a los precedentes de la cuestión. El segundo desarrolla la idea básica del trabajo, a saber, la diferencia heroica. Por último, desplegamos la el aspecto estético anteriormente mencionado.
domingo 16 de marzo de 2008
LA TAREA DE VIVIR
(T RABAJILLO DE PENSAMIENTO ESPAÑOL)
Ortega (lección III) señala, en contraposición con la realidad física, que la filosofía busca como realidad lo que es con independencia de nuestras acciones. Sin embargo, en la lección XI, describiendo las categorías vitales, dice que la filosofía es un hacer, como la tarea que le es propia al hombre que es el conocer. Así, la realidad filosófica será un realizar para desvelar (aletheia) lo que es, y está, al margen de nuestro hacer. Es necesario que las ciencias tomen “de nuevo tierra firme en la filosofía” para que se articulen y accedan a esa realidad, pues “la verdad es histórica”: ¿Cómo puede y tiene que pretender ser “sobrehistórica” (absoluta)? Este es el tema de nuestro tiempo.
Por otro lado, la filosofía es “puro heroísmo teorético”. Pensar es hacer y abstraer es también un hacer y un ocuparse, “fingir que no vivo (...) esta o aquella cosa, es poner ésta aparte de mi”. Y “esta actitud de virtual desvivirse o no vivir, es la actitud teorética”. Y es heroísmo porque en algún sentido en el filosofar más teórico sacrificamos nuestra vida o vivimos la tragedia de distanciarnos de nuestra existencia inmediata y corpórea, para lograr nuestra tarea, que es conocer. Así, la filosofía “es el ensayo que la vida hace de trascender de sí misma, de des-ocuparse, de desvivirse, de desinteresarse de las cosas”.
Su objeto es “el perennemente buscado”, y es hacer, como caminar, pues como decía el poeta: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Como exclama Ortega: “¿A quién le ha quitado nunca el hambre, saber que no podrá comer?” y “¿Por qué al hombre le duele su ignorancia, como podía dolerle un miembro que nunca hubiese tenido?” y en otro momento: “lo vergonzoso no es nunca ignorar una cosa –eso es por el contrario lo natural. Lo vergonzoso es no querer saberla, resistirse a averiguar algo cuando la ocasión se ofrece. Pero esa resistencia no la ofrece nunca el ignorante, sino, al revés, el que cree saber. Esto es lo vergonzoso: creer saber”. O como decía Deleuze, la filosofía:
Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas. ¿Existe alguna disciplina, fuera de la de filosofía, que se proponga la crítica de todas las mixtificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no podrían prevalecer. Denunciar en la mixtificación esta mezcla de bajeza y estupidez que forma también la asombrosa complicidad de las victimas y de los autores. En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo, afirmativo. Hacer hombres libres, es decir, hombres que no confunden los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral, y la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos prestigios.¿quien, a excepción de la filosofía, se interesa por todo esto?
Así, “elegancia” es el hábito de elegir que se obtiene con la formación del criterio filosófico, a través de la educación (paideia) en este preocuparse en que consiste nuestra vida. Y nuestro destino (natural) de libertad es análogo al artista de Nietzsche que “danza encadenado”. Para Ortega, la solución elegante es que la visión de la muerte (destino fatal) la transformemos en decisión de vida.
Y así, con Píndaro, “llegar a ser el que eres”, regidos por el principio de autonomía, pues no podemos vivir de lo que otros han conquistado. Algunos se creerán despreocupados por vivir arrastrados por las corrientes sociales y la fuerza de la costumbre, pero para Ortega es otra preocupación, la de no asumir soluciones elegantes.
Concluyendo, la vida es la realidad radical. Categoría, que frente al tradicional “ser” es a la par general e individual (como intentó, sin lograrlo a juicio de Ortega, Hegel con su “universal concreto”). “Cada uno de nosotros es por mitad lo que él es y lo que es el ambiente en el que vive”. Decíamos que el pensar es hacer y lo hecho no tiene “ser primario” (error antiguo), pues “su ser es funcionante”. Vivir es decidir con nuestras circunstancias (determinaciones relativas) y el “mundo vital es constitutivamente circunstancia, es este mundo, aquí y ahora”.
Vida es el nuestro acontecer, decidir lo que ser en nuestra narración como bios teoréticos, con estas dimensiones temporales: “cuando encuentro en mi pasado los medios (palabras, el decir) para realizar mi futuro es cuando descubro mi presente. Y todo esto acontece en un instante; en cada instante la vida se dilata en las tres dimensiones del tiempo real interior”.
Para Ortega, lo decisivo es lo que deseamos, lo que anhelamos ser, pues su categoría ética es la ilusión y no el deber, que será secundario. Finalmente, y jugando con las palabras, nuestra tarea es la ilusión de tener cuidado, de pre-ocuparnos en realizar una vida bella.
Ortega (lección III) señala, en contraposición con la realidad física, que la filosofía busca como realidad lo que es con independencia de nuestras acciones. Sin embargo, en la lección XI, describiendo las categorías vitales, dice que la filosofía es un hacer, como la tarea que le es propia al hombre que es el conocer. Así, la realidad filosófica será un realizar para desvelar (aletheia) lo que es, y está, al margen de nuestro hacer. Es necesario que las ciencias tomen “de nuevo tierra firme en la filosofía” para que se articulen y accedan a esa realidad, pues “la verdad es histórica”: ¿Cómo puede y tiene que pretender ser “sobrehistórica” (absoluta)? Este es el tema de nuestro tiempo.
Por otro lado, la filosofía es “puro heroísmo teorético”. Pensar es hacer y abstraer es también un hacer y un ocuparse, “fingir que no vivo (...) esta o aquella cosa, es poner ésta aparte de mi”. Y “esta actitud de virtual desvivirse o no vivir, es la actitud teorética”. Y es heroísmo porque en algún sentido en el filosofar más teórico sacrificamos nuestra vida o vivimos la tragedia de distanciarnos de nuestra existencia inmediata y corpórea, para lograr nuestra tarea, que es conocer. Así, la filosofía “es el ensayo que la vida hace de trascender de sí misma, de des-ocuparse, de desvivirse, de desinteresarse de las cosas”.
Su objeto es “el perennemente buscado”, y es hacer, como caminar, pues como decía el poeta: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Como exclama Ortega: “¿A quién le ha quitado nunca el hambre, saber que no podrá comer?” y “¿Por qué al hombre le duele su ignorancia, como podía dolerle un miembro que nunca hubiese tenido?” y en otro momento: “lo vergonzoso no es nunca ignorar una cosa –eso es por el contrario lo natural. Lo vergonzoso es no querer saberla, resistirse a averiguar algo cuando la ocasión se ofrece. Pero esa resistencia no la ofrece nunca el ignorante, sino, al revés, el que cree saber. Esto es lo vergonzoso: creer saber”. O como decía Deleuze, la filosofía:
Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas. ¿Existe alguna disciplina, fuera de la de filosofía, que se proponga la crítica de todas las mixtificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no podrían prevalecer. Denunciar en la mixtificación esta mezcla de bajeza y estupidez que forma también la asombrosa complicidad de las victimas y de los autores. En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo, afirmativo. Hacer hombres libres, es decir, hombres que no confunden los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral, y la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos prestigios.¿quien, a excepción de la filosofía, se interesa por todo esto?
Así, “elegancia” es el hábito de elegir que se obtiene con la formación del criterio filosófico, a través de la educación (paideia) en este preocuparse en que consiste nuestra vida. Y nuestro destino (natural) de libertad es análogo al artista de Nietzsche que “danza encadenado”. Para Ortega, la solución elegante es que la visión de la muerte (destino fatal) la transformemos en decisión de vida.
Y así, con Píndaro, “llegar a ser el que eres”, regidos por el principio de autonomía, pues no podemos vivir de lo que otros han conquistado. Algunos se creerán despreocupados por vivir arrastrados por las corrientes sociales y la fuerza de la costumbre, pero para Ortega es otra preocupación, la de no asumir soluciones elegantes.
Concluyendo, la vida es la realidad radical. Categoría, que frente al tradicional “ser” es a la par general e individual (como intentó, sin lograrlo a juicio de Ortega, Hegel con su “universal concreto”). “Cada uno de nosotros es por mitad lo que él es y lo que es el ambiente en el que vive”. Decíamos que el pensar es hacer y lo hecho no tiene “ser primario” (error antiguo), pues “su ser es funcionante”. Vivir es decidir con nuestras circunstancias (determinaciones relativas) y el “mundo vital es constitutivamente circunstancia, es este mundo, aquí y ahora”.
Vida es el nuestro acontecer, decidir lo que ser en nuestra narración como bios teoréticos, con estas dimensiones temporales: “cuando encuentro en mi pasado los medios (palabras, el decir) para realizar mi futuro es cuando descubro mi presente. Y todo esto acontece en un instante; en cada instante la vida se dilata en las tres dimensiones del tiempo real interior”.
Para Ortega, lo decisivo es lo que deseamos, lo que anhelamos ser, pues su categoría ética es la ilusión y no el deber, que será secundario. Finalmente, y jugando con las palabras, nuestra tarea es la ilusión de tener cuidado, de pre-ocuparnos en realizar una vida bella.
domingo 17 de febrero de 2008
te acompaño en el sentimiento
Lo que sigue lo escribí de camino a ese espacio que esta cultura ha dejado para negociar la muerte, hace ya más de un mes...pero me ha costado sentarme y recordar, me ha costado frenar para asumir lo otro que se había precipitado...
La muerte es un plato amargo...¡Cuánta razón tienen los poetas cuando hablan de la hiel en la garganta!¡Cuánto pesa este pequeño trozo de papel en mis manos!¡Cuánto pesa un texto cuando va cargado con Ella! No temáis: mientras yo esté en este mundo, nunca estaréis solos. Contad conmigo...dios, os debo tanto!!! Trágica circunstancia me ofrece destino para compensaros... La "sofofilia" me ha precipitado a nuestro encuentro: un pequeño gesto, deseo que se convierta en una gran esperanza: de vida, de seguir viviendo.
Y en el doloroso momento de las ausencias, derramaréis lagrimas, claro... (¡Ay!, Mario, ¿Cómo me dejas ahora?) Pero el texto, las letritas, espero que os recuerden las presencias. Y equilibren la balanza del sufrimiento, hacia una nostalgia...no hay prisa...aún tenemos tiempo.
Dedicado a mi bicho y mi madrina. Os quiero!
La muerte es un plato amargo...¡Cuánta razón tienen los poetas cuando hablan de la hiel en la garganta!¡Cuánto pesa este pequeño trozo de papel en mis manos!¡Cuánto pesa un texto cuando va cargado con Ella! No temáis: mientras yo esté en este mundo, nunca estaréis solos. Contad conmigo...dios, os debo tanto!!! Trágica circunstancia me ofrece destino para compensaros... La "sofofilia" me ha precipitado a nuestro encuentro: un pequeño gesto, deseo que se convierta en una gran esperanza: de vida, de seguir viviendo.
Y en el doloroso momento de las ausencias, derramaréis lagrimas, claro... (¡Ay!, Mario, ¿Cómo me dejas ahora?) Pero el texto, las letritas, espero que os recuerden las presencias. Y equilibren la balanza del sufrimiento, hacia una nostalgia...no hay prisa...aún tenemos tiempo.
Dedicado a mi bicho y mi madrina. Os quiero!
sábado 12 de enero de 2008
ÉRASE UNA VEZ UNA FILOSOFÍA... HOLISTA
Descubrir una palabra, no siempre coincide con buscar su significado en el diccionario. Hasta que no queda incorporada en nuestra concepción del mundo, hasta que no arriesgamos nuestra experiencia con su semántica, carece de valor, se queda en la suma de letras, en la ausencia de intervención.
Se me ocurren muchas palabras y muchas personas y muchas relaciones entre unas y otras, que padecen este vacío. La primera, mi amor, mi pasión y mi obsesión: filosofía.
Cuántas decepciones y enfados me he llevado con ella. Mira que busqué a sus abuelitos para que me contaran como creció. Mira que la llevé a los mejores rincones de mi paisaje y le enseñé mis más oscuros secretos. Pero siempre traicionaba, como un gato que no quiere que le molesten, que quiere vivir su vida, exprimir lo que pueda de ti y luego dejarte solita en un mundo arisco.
Un buen día, Filosofía se levantó cansada, viejecita, con pocas ganas de hablar y, si me apuras, con poca gente que la escuchara. Pero es que era tan mayor, y tenía tantos dolores y veía los agujeros de su casita, que tan laboriosamente había construido.
Ya no tenía fuerzas para dar otra vuelta en esa espiral, sólo quería que la dejaran en paz, o decidir aislarse, como una viejecita gruñona que no está dispuesta a que sus nietos la molesten mucho, a pesar de todo lo que les quiere.
Y ya no busca a los niños, y los niños han encontrado otro camino, pero igual les lleva a otra palabra, que podría hacer las veces, pero que la abuelita no reconoce.
Esto me ha pasado con otras palabras.
Un buen día, Verdad, se acostó, y durmió, y durmió... soñaba con gente que la llamaba, con personitas que querían serle fiel, pero que no sabían cómo. Soñaban con una relación matemática que la sumía en un sueño más profundo.
Algunos ni siquiera la buscaban, pero se la pedían... Ellos intentaban explicar que era muy dolorosa, que si la pedían era por miedo a otras pérdidas, y que podían ser mucho más felices ocultándola. Y es que mientras dormía, las personitas estaban desorientadas y agotadas con tantas pruebas, ensayos y errores... ella intentaba despertarse para decirles que no se podían equivocar porque no había un solo camino correcto.
Finalmente, cuando los tiempos se agotaban y Verdad no despertaba y Filosofía se acercaba peligrosamente a la muerte, un niño (siempre debe ser un niño) les cantó, les puso melodía y armonizando su estilo, consiguió que construyeran otro mundo, creando una filosofía holista, que no sirve con la suma de sus partes, y de manera invertida.
Este niño sentado en las rodillas de Filosofía, le cantó cómo había soñado con Verdad, y en su sueño estaba vestida con ropa diseñada por la famosa modista Respuesta. Pero estaba fea, le sentaba horrible el traje. Y se desnudó, mirando a los ojitos del niño con ternura, para que viera el color de su cuerpo, y apreciara con el olfato la fragancia de una paz inquieta, y tocara la suavidad de lo sencillo, del organismo complejo que fácilmente disfruta.
A Filosofía le empezó a llover miel por las orejitas... tanto tiempo con esos tapones que las abejas golosas habían construido para que no se fuera de la casa, tentada por las sirenas.
Y al escuchar al niño, se levantó, y era grande, enorme, tan alta que su sombra inundó el paisaje, pero era una sombra malva, que le daba el tono de un día nublado, con esa luz que define los contornos. Y empezó a andar hacia algún horizonte, sin proyecto, sin estrategia, recuperando sus articulaciones y moviendo los brazos, provocando un viento que se iba llevando esos sueños feos que tanto tiempo habían ocupado la mente de los que nunca habían arriesgado su experiencia en una palabra.
EPÍLOGO: para los que lean un cuento flower power, alejado de nuestro tiempo y de las posibilidades que ofrece, les invito a que intenten sonreir con el ceño fruncido. Sólo puede salir una mueca de disgusto.PAZ.
Se me ocurren muchas palabras y muchas personas y muchas relaciones entre unas y otras, que padecen este vacío. La primera, mi amor, mi pasión y mi obsesión: filosofía.
Cuántas decepciones y enfados me he llevado con ella. Mira que busqué a sus abuelitos para que me contaran como creció. Mira que la llevé a los mejores rincones de mi paisaje y le enseñé mis más oscuros secretos. Pero siempre traicionaba, como un gato que no quiere que le molesten, que quiere vivir su vida, exprimir lo que pueda de ti y luego dejarte solita en un mundo arisco.
Un buen día, Filosofía se levantó cansada, viejecita, con pocas ganas de hablar y, si me apuras, con poca gente que la escuchara. Pero es que era tan mayor, y tenía tantos dolores y veía los agujeros de su casita, que tan laboriosamente había construido.
Ya no tenía fuerzas para dar otra vuelta en esa espiral, sólo quería que la dejaran en paz, o decidir aislarse, como una viejecita gruñona que no está dispuesta a que sus nietos la molesten mucho, a pesar de todo lo que les quiere.
Y ya no busca a los niños, y los niños han encontrado otro camino, pero igual les lleva a otra palabra, que podría hacer las veces, pero que la abuelita no reconoce.
Esto me ha pasado con otras palabras.
Un buen día, Verdad, se acostó, y durmió, y durmió... soñaba con gente que la llamaba, con personitas que querían serle fiel, pero que no sabían cómo. Soñaban con una relación matemática que la sumía en un sueño más profundo.
Algunos ni siquiera la buscaban, pero se la pedían... Ellos intentaban explicar que era muy dolorosa, que si la pedían era por miedo a otras pérdidas, y que podían ser mucho más felices ocultándola. Y es que mientras dormía, las personitas estaban desorientadas y agotadas con tantas pruebas, ensayos y errores... ella intentaba despertarse para decirles que no se podían equivocar porque no había un solo camino correcto.
Finalmente, cuando los tiempos se agotaban y Verdad no despertaba y Filosofía se acercaba peligrosamente a la muerte, un niño (siempre debe ser un niño) les cantó, les puso melodía y armonizando su estilo, consiguió que construyeran otro mundo, creando una filosofía holista, que no sirve con la suma de sus partes, y de manera invertida.
Este niño sentado en las rodillas de Filosofía, le cantó cómo había soñado con Verdad, y en su sueño estaba vestida con ropa diseñada por la famosa modista Respuesta. Pero estaba fea, le sentaba horrible el traje. Y se desnudó, mirando a los ojitos del niño con ternura, para que viera el color de su cuerpo, y apreciara con el olfato la fragancia de una paz inquieta, y tocara la suavidad de lo sencillo, del organismo complejo que fácilmente disfruta.
A Filosofía le empezó a llover miel por las orejitas... tanto tiempo con esos tapones que las abejas golosas habían construido para que no se fuera de la casa, tentada por las sirenas.
Y al escuchar al niño, se levantó, y era grande, enorme, tan alta que su sombra inundó el paisaje, pero era una sombra malva, que le daba el tono de un día nublado, con esa luz que define los contornos. Y empezó a andar hacia algún horizonte, sin proyecto, sin estrategia, recuperando sus articulaciones y moviendo los brazos, provocando un viento que se iba llevando esos sueños feos que tanto tiempo habían ocupado la mente de los que nunca habían arriesgado su experiencia en una palabra.
EPÍLOGO: para los que lean un cuento flower power, alejado de nuestro tiempo y de las posibilidades que ofrece, les invito a que intenten sonreir con el ceño fruncido. Sólo puede salir una mueca de disgusto.PAZ.
viernes 21 de diciembre de 2007
DELANTE DEL PUCHERO

[Al teléfono]
- Te dejo, que tengo la comida al fuego.
[Voz en off, después de colgar]
- Nunca pensé que diría algo así...
Caminando hacia la cocina en su pequeña y acogedora casita en el Albaycín bajo, Eva pensaba en cómo había cambiado su vida en un año. Malditas fechas, que por convención, nos presionan para sentarnos delante de las imágenes que se reflejan en el espejo de nuestra memoria, a veces empañada por los vahos, a veces demasiado nítidas para percibir las líneas.
- ¡Qué frío hace fuera, y que calentito que se está delante del puchero! ¿Cómo hemos llegado de la luz de las velas al microondas? ¿Tendrá que ver el frío de nuestros corazones, con la imposibilidad de calor de un “hogar”?
Esperaba no estar confundida o trastornada por el retraso de su regla, es decir, si estuviera embarazada. Esperaba, que sólo fuera la necesidad de buscar otros caminos, cuando los de la revolución y la exaltación de cierta juventud, estaban vetados por un cuerpo agotado.
No tenía hilos negros, ni hilos, ni negros; ni había renunciado a la palabra, como aquel viejo, eso se lo había enseñado su nuevo AMIGO alemán ;) Sin embargo, encontraba en la poesía marina del recoger la espuma del puchero, una sensación novedosa y tierna, templanza, ¿se estaría quizás acercando a esa paz inquieta, tan ansiosamente buscada durante su vida?
Siempre había dicho que tras su risa, se encontraba un fondo oscuro, una melancolía traicionera y paralizadora. Y ahora veía, en el fondo del puchero, un abismo. Si lo sentía, le provocaba vértigo; pero si lo pensaba un segundo, caía en la cuenta, de que la comida que iba a alimentarla estaba en la profundidad, en la desesperanza de lo menos claro, en la ambigüedad de la incertidumbre.
Tenía ganas de llamar a su abuela y contarle que había encontrado la fuente del olor que la tranquilizaba en su abrazo cuando era pequeña, cuando la deslumbraba con su azulados ojitos y la llamaba “lucero”; era lo que el calor del fuego del puchero se impregnaba en su ropa y piel, cuando ella cocinaba para proteger y acoger a los suyos, fueran familia sanguínea, fueran seres queridos.
Y es que es una tarea delicada. Aquel que a sus 28 años, le había dado a Eva los mejores y los peores momentos, le recriminaba que nunca aprendería a cocinar porque no sabía trasladar su amor a la comida. Curioso comentario, para alguien que nunca aprendió a querer a nadie más que a sí mismo, aunque aprendió a manejar la cuchara de madera, para encantar con la magia de sus pucheros.
¿¡Qué mejor medicina para un alma errante en busca de sentido, que verse obligado a detenerse en el camino para reflexionar acerca del largo e interminable, del agotador e inalcanzable viaje hacia el horizonte!?
Si el año pasado, no digamos hace más, alguien le hubiera dicho, como de hecho sucedió, que llegaría el día en que cambiaría tanto su concepción del mundo, en que una vez más, la vuelta de la espiral se convertiría en un ángulo tal, que podría disfrutar, del silencio, de la soledad y de cocinar ese puchero, Eva no habría podido evitar soltar una carcajada y sonreírse en su interior, refirmando su especial condición de carácter que era satisfecha con excentricidades, o cuanto menos, con ejercicios nada propios ni de su edad, ni de su género, ni quizás de su tiempo, ni, desde luego, sujetos a lógicas clásicas. Muchos eran los que la habían acusado de contradictoria e incluso “listilla”.
Y ahora, sin embargo, descubría –siempre por elección, esa sería la diferencia, tal vez- lo que otros no habían sabido trasmitirle con palabras, ni con acontecimientos. Ahora su cuerpo, la inteligencia corporal de su existencia, le ofrecía una ventanita para salir de la desorientación. No era un mecanismo, era la sabiduría de aceptar lo necesario y poder disfrutarlo.
Se ha terminado. La comida está lista; está preparada la fuente de vida. Porque ese ha sido el cambio por excelencia de este 2007. Desear vivir, desear seguir caminando, recorrer el borde, pero más tranquila.
Eva disfrutará del puchero, del final del proceso, recordando con nostalgia, con saudade, con añoranza, el calor que le proporcionaba estar delante del puchero. Tal vez interrumpida por la comunicación, tal vez no, ya no provoca angustia. Cálido recogimiento del alma de lagartija echada al sol.
Sólo era su primer hogar, sólo era uno de sus cambios, tan sólo ha sido otro paso, otro punto de la espiral. Habrá más; nunca serán iguales; puede que mejores; otros, en cualquier caso. Siempre podrá ponerse cerquita del fuego a elaborar, despacito y con cariño, el abismo que sustenta la construcción de su sonrisa.
PD: Para que no se me vuelva a olvidar seguir las flechas, mirar el cepillo de dientes, valorar el tiempo regalado, el devenir del río y la caricia de la muerte.
- Te dejo, que tengo la comida al fuego.
[Voz en off, después de colgar]
- Nunca pensé que diría algo así...
Caminando hacia la cocina en su pequeña y acogedora casita en el Albaycín bajo, Eva pensaba en cómo había cambiado su vida en un año. Malditas fechas, que por convención, nos presionan para sentarnos delante de las imágenes que se reflejan en el espejo de nuestra memoria, a veces empañada por los vahos, a veces demasiado nítidas para percibir las líneas.
- ¡Qué frío hace fuera, y que calentito que se está delante del puchero! ¿Cómo hemos llegado de la luz de las velas al microondas? ¿Tendrá que ver el frío de nuestros corazones, con la imposibilidad de calor de un “hogar”?
Esperaba no estar confundida o trastornada por el retraso de su regla, es decir, si estuviera embarazada. Esperaba, que sólo fuera la necesidad de buscar otros caminos, cuando los de la revolución y la exaltación de cierta juventud, estaban vetados por un cuerpo agotado.
No tenía hilos negros, ni hilos, ni negros; ni había renunciado a la palabra, como aquel viejo, eso se lo había enseñado su nuevo AMIGO alemán ;) Sin embargo, encontraba en la poesía marina del recoger la espuma del puchero, una sensación novedosa y tierna, templanza, ¿se estaría quizás acercando a esa paz inquieta, tan ansiosamente buscada durante su vida?
Siempre había dicho que tras su risa, se encontraba un fondo oscuro, una melancolía traicionera y paralizadora. Y ahora veía, en el fondo del puchero, un abismo. Si lo sentía, le provocaba vértigo; pero si lo pensaba un segundo, caía en la cuenta, de que la comida que iba a alimentarla estaba en la profundidad, en la desesperanza de lo menos claro, en la ambigüedad de la incertidumbre.
Tenía ganas de llamar a su abuela y contarle que había encontrado la fuente del olor que la tranquilizaba en su abrazo cuando era pequeña, cuando la deslumbraba con su azulados ojitos y la llamaba “lucero”; era lo que el calor del fuego del puchero se impregnaba en su ropa y piel, cuando ella cocinaba para proteger y acoger a los suyos, fueran familia sanguínea, fueran seres queridos.
Y es que es una tarea delicada. Aquel que a sus 28 años, le había dado a Eva los mejores y los peores momentos, le recriminaba que nunca aprendería a cocinar porque no sabía trasladar su amor a la comida. Curioso comentario, para alguien que nunca aprendió a querer a nadie más que a sí mismo, aunque aprendió a manejar la cuchara de madera, para encantar con la magia de sus pucheros.
¿¡Qué mejor medicina para un alma errante en busca de sentido, que verse obligado a detenerse en el camino para reflexionar acerca del largo e interminable, del agotador e inalcanzable viaje hacia el horizonte!?
Si el año pasado, no digamos hace más, alguien le hubiera dicho, como de hecho sucedió, que llegaría el día en que cambiaría tanto su concepción del mundo, en que una vez más, la vuelta de la espiral se convertiría en un ángulo tal, que podría disfrutar, del silencio, de la soledad y de cocinar ese puchero, Eva no habría podido evitar soltar una carcajada y sonreírse en su interior, refirmando su especial condición de carácter que era satisfecha con excentricidades, o cuanto menos, con ejercicios nada propios ni de su edad, ni de su género, ni quizás de su tiempo, ni, desde luego, sujetos a lógicas clásicas. Muchos eran los que la habían acusado de contradictoria e incluso “listilla”.
Y ahora, sin embargo, descubría –siempre por elección, esa sería la diferencia, tal vez- lo que otros no habían sabido trasmitirle con palabras, ni con acontecimientos. Ahora su cuerpo, la inteligencia corporal de su existencia, le ofrecía una ventanita para salir de la desorientación. No era un mecanismo, era la sabiduría de aceptar lo necesario y poder disfrutarlo.
Se ha terminado. La comida está lista; está preparada la fuente de vida. Porque ese ha sido el cambio por excelencia de este 2007. Desear vivir, desear seguir caminando, recorrer el borde, pero más tranquila.
Eva disfrutará del puchero, del final del proceso, recordando con nostalgia, con saudade, con añoranza, el calor que le proporcionaba estar delante del puchero. Tal vez interrumpida por la comunicación, tal vez no, ya no provoca angustia. Cálido recogimiento del alma de lagartija echada al sol.
Sólo era su primer hogar, sólo era uno de sus cambios, tan sólo ha sido otro paso, otro punto de la espiral. Habrá más; nunca serán iguales; puede que mejores; otros, en cualquier caso. Siempre podrá ponerse cerquita del fuego a elaborar, despacito y con cariño, el abismo que sustenta la construcción de su sonrisa.
PD: Para que no se me vuelva a olvidar seguir las flechas, mirar el cepillo de dientes, valorar el tiempo regalado, el devenir del río y la caricia de la muerte.
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