sábado 6 de octubre de 2007

EL RESURGIR I

Una vez más sentada en frente del ordenador intentando lograr el mito: literatura como resistencia. Algo oprime mi pecho…y es que no estás conmigo… te estaré utilizando para sentirme víctima? creo que no,…pero ya lo dudo todo…pero para eso soy filósofa, no? Tendré que pensar, darle vueltas, aprender, conseguir estar agustico solita para poder disfrutar de la relación con los demás, y poder respirar.
Quiero vivir te dije, si y quiero vivir en estas condiciones…siendo libre, independiente, y tranquila…pero tu recuerdo me persigue. Si no dejé que me machacarás tú personalmente, no voy a permitir que el “y si” pueda conmigo… tengo que entender y creerme que puedo amar, que no fue tan especial como creía, o si quieres demasiado especial…igual tú ya te has olvidado…que fuerte que es la cabeza dios mío, me empuja a pensar que me duela que me olvides, cuando lo que debería sentir es otra y otras cosas: libertad, no podría haber conocido a la gente que he conocido si tu hubieras estado aquí, porque me limitabas, me cohibías…bien es cierto que si hubiéramos estado bien (si es que alguna vez hubo algún referente medianamente cierto fuera de la esperanza que cegaba mis ojos), y no ya como al final, no me había hecho falta, la filosofía, tu comidita, tu sexo…¿para qué mas?…en realidad, ¿necesito un proyecto personal para sentirme realizada? Es muy posible, pero de momento es para suplir tu falta…¿como es posible que sienta tu ausencia más que la de mis otros amores, mi bicho, mi berberecho? El poder del cuerpo, ¿no es cierto? Desamores, desamores, que nublan mi vista con lágrimas…dios, si ni siquiera he podido sacar a Atta a dar un paseito…y aquí estoy mirando la calle abajo para ver si viene mi salvador y me hace un poco de compañía hasta que me rinda el sueño y mañana salga el sol otra vez…
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Al día siguiente salió el sol, la noche estuve acompañada y vigilada por dos nuevos y buenos amiguitos: Andrés y Fernando. El primero: buenas ideas, simpático, tranquilo, friki…; el segundo, me recuerda mi cordura con su discurso fragmentado e inconexo, con su risa extravagante y su mirada en busca de reconocimiento.

Hoy he sacado el cuadro fuera de la esquina que le había otorgado en mi cuarto. Le había colgado allí por dos motivos, uno material y otro inconsciente: era allí donde había un clavo y seguías presente aunque fuera en una esquina de mi corazón, representado en este plano por mi cuarto. El sitio de mi cueva donde mejor me siento, que me refugia y me tolera la fuga. Donde puedo sentarme en el balconcito, que une el mundo interior y el exterior, siempre en la frontera, como me gusta.
La absoluta verdad es que ese cuadro lo podía haber colgado en otro de los clavos que están puestos: justo en frente de mi cama, pero allí lo estaría viendo constantemente, y no me sentía con fuerzas para soportarlo; o también podría haberlo colgado en un rinconcito del salón, pero no quería relegarte, a través del objeto, a estar escondido detrás de mis abrigos; además sería un engaño, porque no podría enfrentarme a ti cuando quisiera y estarías al acecho. Y esto lo tengo que superar como el yonki que se desengancha de una droga pero la sigue llevando encima.
Sin embargo, ha llegado el momento en el que he tenido que enfrentarme cara a cara para poder seguir construyendo mi vida sin que tú la presidas, sin que decidas en mi memoria y supongas un peso para tomar las decisiones importantes que ahora tengo que tomar.
Mucho camino llevo andado, buscando un lugar que ocupar, algo a lo que poder dedicar mis esfuerzos y actividad diaria, que suponga un progreso creativo, para poder realizar y así completar mi existencia, pero que me sustente materialmente también, a modo de empleo/ingresos. Equivoqué la dirección cuando pensé que podría conformarme con una vida normal y aburrida, utilizar los mecanismos del sistema para entretenerme y funcionar para el estado manipulando su información desde dentro.
He sacado el cuadro a la entrada. Ahora tú estás fuera de mí. Formas parte de mi nueva vida, de esta vuelta de la espiral, y no quiero olvidarlo además, porque me llevo muchas cosas buenas de esta historia. Pero hasta ahí te dejo pasar a mi vida, te quedas en la calle, en mi precioso patio andaluz, deteriorándote con la luz del sol y la lluvia, con la posibilidad de que te roben y desaparezca el más mínimo recuerdo. Igual no estás preparado para sobrevivir sin mi protección, pero ya no puedo cuidar de ti, ya no puedo culparme de tu caída, porque no te lo mereces, porque pudiste dármelo todo y preferiste irte al ordenador a masturbarte, porque sólo puedes ocupar un lado muy pequeño de mi recuerdo y de mis elecciones.
Ahora se iluminarán las espirales de colores que me enviaste con tus mejores deseos, cabrón, cuando le dé el sol. Como siempre, cuando las circunstancias eran favorables, es decir, lo que tú querías o te convenía, entonces los cristales del calidoscopio brillaban con fuerza. Pero no dejaba de ser una ilusión…
Se quebrarán en alguna tormenta, una vez que el papel empiece a deteriorarse con el frío, la humedad y la lluvia. Como no podía haber sido de otra manera, la tormenta de tu egoísmo terminó rompiendo el arte, la experiencia estético-musical que nos había unido.
Esta historia resulta paralela a la situación del arte contemporáneo, cambiante, transformador, atisbando el final, con el último hombre. Sin embargo, querido churri, el sujeto contemporáneo, la mejor heroína que nunca probarás, la voz que te iluminó mientras pudo, la que suscribe, no desaparecerá con tu cuadro. ADIÓS.

1 comentarios:

SuS dijo...

Ole mi niña!!!!!
Besossss

esa mujer...

esa mujer...
le cuidará

¿Y cómo se llama cuando no es locura?

¿Y cómo se llama cuando no es locura?
ESPERANZA ILUSIONADA/AMOR