domingo 7 de octubre de 2007

LANZANDO CUCHILLOS

Hacía tiempo que Pesadilla no interrumpía mi sueño con tanta crueldad. Anoche, sobre las cinco de la madrugada, me desperté sudando y con el corazón revolucionado, llorando y sin poder volver del todo. Miraba a mi perra, seguía conmigo; miraba mi casa, estaba vacía; miraba mi tripa, no había nada clavado.
En el otro mundo, habían conspirado para matarme, porque les incomodaba mi presencia, y como no habían podido conmigo aún, me habían invitado a una fiesta privada en una casa, y a mi perrita Atta también. Me enseñaban el balcón, desde el que se asomaba Atta a un parque, donde volvía gente de la discoteca que estaba cerca. Ya he soñado en otras ocasiones con ese territorio. Un pueblo, casi convertido en ciudad, que se despliega a lo largo de un paseo, como la avenida central de un pueblo en fiestas o de una ciudad de alguna película de Jonh Ford del Oeste.
Dejé a mi perrita sola porque me llamaba la atención que unas ancianas subieran por la escalera de incendio asustadas. Volvían de misa, la primera de las 6 de la mañana, y se habían encontrado con un montón de jóvenes terminando su fiesta en el famoso parque, compartiendo espacio con familias de picnic, de un picnic matutino e inverosímil, como para demostrar la calidad onírica de la experiencia.
Fui consciente que estaba en un sueño pero no podía hacer nada por salir o por evitar el sufrimiento y el dolor en el pecho.
Volví la mirada al balcón y se estaba cayendo, desprendiéndose los barrotes que lo sujetaban a la pared, como si mi lazo de unión con la realidad y la cordura se fuera con ellos. Y Atta empezaba a caer. Me tiro en plancha a rescatarla, y cuando la empujo al interior, veo la mirada maligna, la sórdida sonrisa de una mujer que me señala.
- “Ha llegado tu hora,….”
Me llama de una manera que no recuerdo, mientras consigo agarrarme a uno de los barrotes y salvar la vida de un salto.
Despierto. Estoy en un sofá en una casa que no reconozco, pero que podría ser la mezcla de pequeños detalles de otras. Mis pies frente a una ventana y mi cabeza iluminada por la luna, o por los primeros brillos del amanecer. Otra vez una situación recurrente y sensación de dejavù.
Un enano, un ser de los bosques con apariencia siniestra, vestido de extrañas ropas negras, me mira de lado y empieza a lanzarme pequeños cuchillos, como palillos de dientes muy afilados que perforan mi cuerpo.
- “No eres real, no eres real”
No dejo de repetirme y repetirle esto, pero me duele y sangro. Y quiero despertar pero no puedo ni pronunciar una palabra, ni despegar los labios. Y justo cuando el enano está pegado a mi, aparece otro hombre, como un detective de novela negra, parecido a C.Gable, que me acecha con la mano, buscando mi pecho, quiere mi corazón.

Despierto. Despierto al fin.

Sólo con escribirlo se me encoge el pecho. ¿Será posible que toda actividad intelectual en mi experiencia venga acompañada de terror?

Pero otra vez ha salido el sol, y ya soy un poquito más fuerte. Cada día más preparada para entender el sentido final.

Nos veremos en el reino de Sandman.

1 comentarios:

enara dijo...

Como dijo aquel, la vida es sueño y los sueños, sueños son. Que aunque no suelo dejarte comentarios siempre leo todo lo que pones por aquí y ya sabes que me encanta. Así que me alegro millones de que lo vayas actualizando. Un beso.

esa mujer...

esa mujer...
le cuidará

¿Y cómo se llama cuando no es locura?

¿Y cómo se llama cuando no es locura?
ESPERANZA ILUSIONADA/AMOR