¿Quién soy yo? Buena pregunta. Me conformo con moverme en este blog, medianamente preparada para poder acercarme a esta cuestión. La última y la primera de la espiral de mi existencia.
Casi tres décadas de camino por los madriles, junto con mi condicionamiento genético, han provocado la necesidad de expresarme: dama de la palabra, tan loca como él y, sin embargo, deseando ver molinos.
Conocen el dicho: “Una imagen vale más que mil palabras”. Nunca estuve de acuerdo porque no hay forma de comunicarla sin ellas. Es la pura paradoja de la hermenéutica del texto. Es un viaje oculto, lleno de misterio, y busco (mi eterna búsqueda) alguna pista, si no claves.
Soy una niña encerrada en un cuerpo de mujer; soy filósofa de carrera y bibliotecaria de profesión; soy la imagen reflejada, que apenas se corresponde con lo que veo desde mis gafas; soy aprendiz de todo y maestra de nada, salvo de la incertidumbre y la inquietud; soy cuerpo, soy ritmo y baile, y cualquier danza me apasiona; soy, en resumen, deseo de descubrir.
Demasiado cobarde para desprenderme de las ataduras emocionales que me mantienen en el mismo espacio, este recorrido es una salida, una puerta, bueno, un tragaluz. Demasiado densa, con poca memoria y muchos recuerdos obsesivos. Pensé que mi estilo era el ensayo, pero he descubierto un nuevo camino de investigación: la recreación, la ficción, las historias.
Virgo (por elección), perfeccionista, exigente conmigo con la que más, correctora (editorial si me dejan también), poco amiga del relleno, más directa, y por ello, precipitada, aquí, como el espectro que dejan los dibujos animados en una persecución al estilo correcaminos. Enigmática, esquizofrénica, contradictoria o con otro tipo de logos.
Total y absoluta incapacidad para describir lo que creo que está en continuo movimiento y cambio, es decir, yo. Total y absoluta incomprensión hacia los demás, mientras la empatía me engaña. Total y absoluta esperanza y terror en lo que esconde la puerta semiabierta y la esquina no doblada.