(T RABAJILLO DE PENSAMIENTO ESPAÑOL)
Ortega (lección III) señala, en contraposición con la realidad física, que la filosofía busca como realidad lo que es con independencia de nuestras acciones. Sin embargo, en la lección XI, describiendo las categorías vitales, dice que la filosofía es un hacer, como la tarea que le es propia al hombre que es el conocer. Así, la realidad filosófica será un realizar para desvelar (aletheia) lo que es, y está, al margen de nuestro hacer. Es necesario que las ciencias tomen “de nuevo tierra firme en la filosofía” para que se articulen y accedan a esa realidad, pues “la verdad es histórica”: ¿Cómo puede y tiene que pretender ser “sobrehistórica” (absoluta)? Este es el tema de nuestro tiempo.
Por otro lado, la filosofía es “puro heroísmo teorético”. Pensar es hacer y abstraer es también un hacer y un ocuparse, “fingir que no vivo (...) esta o aquella cosa, es poner ésta aparte de mi”. Y “esta actitud de virtual desvivirse o no vivir, es la actitud teorética”. Y es heroísmo porque en algún sentido en el filosofar más teórico sacrificamos nuestra vida o vivimos la tragedia de distanciarnos de nuestra existencia inmediata y corpórea, para lograr nuestra tarea, que es conocer. Así, la filosofía “es el ensayo que la vida hace de trascender de sí misma, de des-ocuparse, de desvivirse, de desinteresarse de las cosas”.
Su objeto es “el perennemente buscado”, y es hacer, como caminar, pues como decía el poeta: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Como exclama Ortega: “¿A quién le ha quitado nunca el hambre, saber que no podrá comer?” y “¿Por qué al hombre le duele su ignorancia, como podía dolerle un miembro que nunca hubiese tenido?” y en otro momento: “lo vergonzoso no es nunca ignorar una cosa –eso es por el contrario lo natural. Lo vergonzoso es no querer saberla, resistirse a averiguar algo cuando la ocasión se ofrece. Pero esa resistencia no la ofrece nunca el ignorante, sino, al revés, el que cree saber. Esto es lo vergonzoso: creer saber”. O como decía Deleuze, la filosofía:
Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas. ¿Existe alguna disciplina, fuera de la de filosofía, que se proponga la crítica de todas las mixtificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no podrían prevalecer. Denunciar en la mixtificación esta mezcla de bajeza y estupidez que forma también la asombrosa complicidad de las victimas y de los autores. En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo, afirmativo. Hacer hombres libres, es decir, hombres que no confunden los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral, y la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos prestigios.¿quien, a excepción de la filosofía, se interesa por todo esto?
Así, “elegancia” es el hábito de elegir que se obtiene con la formación del criterio filosófico, a través de la educación (paideia) en este preocuparse en que consiste nuestra vida. Y nuestro destino (natural) de libertad es análogo al artista de Nietzsche que “danza encadenado”. Para Ortega, la solución elegante es que la visión de la muerte (destino fatal) la transformemos en decisión de vida.
Y así, con Píndaro, “llegar a ser el que eres”, regidos por el principio de autonomía, pues no podemos vivir de lo que otros han conquistado. Algunos se creerán despreocupados por vivir arrastrados por las corrientes sociales y la fuerza de la costumbre, pero para Ortega es otra preocupación, la de no asumir soluciones elegantes.
Concluyendo, la vida es la realidad radical. Categoría, que frente al tradicional “ser” es a la par general e individual (como intentó, sin lograrlo a juicio de Ortega, Hegel con su “universal concreto”). “Cada uno de nosotros es por mitad lo que él es y lo que es el ambiente en el que vive”. Decíamos que el pensar es hacer y lo hecho no tiene “ser primario” (error antiguo), pues “su ser es funcionante”. Vivir es decidir con nuestras circunstancias (determinaciones relativas) y el “mundo vital es constitutivamente circunstancia, es este mundo, aquí y ahora”.
Vida es el nuestro acontecer, decidir lo que ser en nuestra narración como bios teoréticos, con estas dimensiones temporales: “cuando encuentro en mi pasado los medios (palabras, el decir) para realizar mi futuro es cuando descubro mi presente. Y todo esto acontece en un instante; en cada instante la vida se dilata en las tres dimensiones del tiempo real interior”.
Para Ortega, lo decisivo es lo que deseamos, lo que anhelamos ser, pues su categoría ética es la ilusión y no el deber, que será secundario. Finalmente, y jugando con las palabras, nuestra tarea es la ilusión de tener cuidado, de pre-ocuparnos en realizar una vida bella.
domingo 16 de marzo de 2008
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