Descubrir una palabra, no siempre coincide con buscar su significado en el diccionario. Hasta que no queda incorporada en nuestra concepción del mundo, hasta que no arriesgamos nuestra experiencia con su semántica, carece de valor, se queda en la suma de letras, en la ausencia de intervención.
Se me ocurren muchas palabras y muchas personas y muchas relaciones entre unas y otras, que padecen este vacío. La primera, mi amor, mi pasión y mi obsesión: filosofía.
Cuántas decepciones y enfados me he llevado con ella. Mira que busqué a sus abuelitos para que me contaran como creció. Mira que la llevé a los mejores rincones de mi paisaje y le enseñé mis más oscuros secretos. Pero siempre traicionaba, como un gato que no quiere que le molesten, que quiere vivir su vida, exprimir lo que pueda de ti y luego dejarte solita en un mundo arisco.
Un buen día, Filosofía se levantó cansada, viejecita, con pocas ganas de hablar y, si me apuras, con poca gente que la escuchara. Pero es que era tan mayor, y tenía tantos dolores y veía los agujeros de su casita, que tan laboriosamente había construido.
Ya no tenía fuerzas para dar otra vuelta en esa espiral, sólo quería que la dejaran en paz, o decidir aislarse, como una viejecita gruñona que no está dispuesta a que sus nietos la molesten mucho, a pesar de todo lo que les quiere.
Y ya no busca a los niños, y los niños han encontrado otro camino, pero igual les lleva a otra palabra, que podría hacer las veces, pero que la abuelita no reconoce.
Esto me ha pasado con otras palabras.
Un buen día, Verdad, se acostó, y durmió, y durmió... soñaba con gente que la llamaba, con personitas que querían serle fiel, pero que no sabían cómo. Soñaban con una relación matemática que la sumía en un sueño más profundo.
Algunos ni siquiera la buscaban, pero se la pedían... Ellos intentaban explicar que era muy dolorosa, que si la pedían era por miedo a otras pérdidas, y que podían ser mucho más felices ocultándola. Y es que mientras dormía, las personitas estaban desorientadas y agotadas con tantas pruebas, ensayos y errores... ella intentaba despertarse para decirles que no se podían equivocar porque no había un solo camino correcto.
Finalmente, cuando los tiempos se agotaban y Verdad no despertaba y Filosofía se acercaba peligrosamente a la muerte, un niño (siempre debe ser un niño) les cantó, les puso melodía y armonizando su estilo, consiguió que construyeran otro mundo, creando una filosofía holista, que no sirve con la suma de sus partes, y de manera invertida.
Este niño sentado en las rodillas de Filosofía, le cantó cómo había soñado con Verdad, y en su sueño estaba vestida con ropa diseñada por la famosa modista Respuesta. Pero estaba fea, le sentaba horrible el traje. Y se desnudó, mirando a los ojitos del niño con ternura, para que viera el color de su cuerpo, y apreciara con el olfato la fragancia de una paz inquieta, y tocara la suavidad de lo sencillo, del organismo complejo que fácilmente disfruta.
A Filosofía le empezó a llover miel por las orejitas... tanto tiempo con esos tapones que las abejas golosas habían construido para que no se fuera de la casa, tentada por las sirenas.
Y al escuchar al niño, se levantó, y era grande, enorme, tan alta que su sombra inundó el paisaje, pero era una sombra malva, que le daba el tono de un día nublado, con esa luz que define los contornos. Y empezó a andar hacia algún horizonte, sin proyecto, sin estrategia, recuperando sus articulaciones y moviendo los brazos, provocando un viento que se iba llevando esos sueños feos que tanto tiempo habían ocupado la mente de los que nunca habían arriesgado su experiencia en una palabra.
EPÍLOGO: para los que lean un cuento flower power, alejado de nuestro tiempo y de las posibilidades que ofrece, les invito a que intenten sonreir con el ceño fruncido. Sólo puede salir una mueca de disgusto.PAZ.
sábado 12 de enero de 2008
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