Introducción: la diferencia como el acto heroico de pensar y decir lo no-pensado y no-dicho.
Pensar y decir lo imposible de ser dicho y pensado desde un pensamiento y un discurso que no sea artístico, constituye la diferencia y no como un ente cosificado, reducido a algo, sino como lo que acontece “entre” la perspectiva estética, que facilita sus condiciones de posibilidad y el hipotético desarrollo ulterior de un nuevo paradigma gnoseológico.
Esta diferencia es entendida como un acto heroico. Acto en la medida en que es presente, es ejercicio (acción, ejecutar) micropolítico, y es actitud (perspectiva). Heroico porque ofrece resistencia, en sentido eléctrico (dispositivo que cortocircuita), como forma de oposición, en dos frentes: versus lo otro (identidad, igualdad y mismidad) y versus los otros (fatum trágico y social).
Así, la perspectiva estética, es decir, las formas artísticas fantasiosas (literatura, cine, teatro) abren espacios –que de manera discursiva quedan bloqueados por la propia estructura sintáctica del lenguaje natural- para un posible desarrollo de ese nuevo paradigma citado, que se fundamentaria en la noción compleja de una identidad dinámica (dinamis identitaria), no estable. Y así, el cómo de este desplegarse emerge desde ese ejecutar micropolítico que no deja sistematizarse.
Con Adorno, la filosofía a construir es una especie de ars inveniendi y su organon es la “fantasía exacta” o la composición por elementos mínimos (proceder paratáxico, serial, frente al sintáctico). No es tarea del filósofo –en tanto artista creador cotidiano, esteta o literato- la de investigar intenciones ocultas y preexistentes de la realidad, sino la de interpretar una realidad carente de intenciones de suyo –al margen de los poderes- mediante la construcción de figuras (catacresis), de imágenes a partir de los elementos aislados de la realidad. Así pues, es a partir de la experiencia del arte, que la filosofía podrá asumir una de sus tareas, a saber, la de pensar y decir lo imposible de ser dicho (en otro discurso que no sea el artístico).
El punto de vista, pues, es “ontoestético” como posible fundamento psicológico. Este término se dice de aquella posición artística (estética) que incide, interrumpe e interviene en eso llamado “mundo” y que, desde y en la escena, despliega el campo epistémico que configura la realidad (ontológico, pero quitando primacía al clásico logos). Nos interesa experimentar con la singularidad (desde el pensamiento de la diferencia) como hipótesis a defender, y con el principio de identidad, como hipótesis a refutar. Singularidad e identidad, por tanto, como claves para comenzar a pensar a un nuevo intento de individuo, que nos aclare y nos acerque a esa teoría del conocimiento y psicología adecuada para comprender el tiempo que vivimos.
Nos apoyaremos en:
- Deleuze: su visión rizomática, de flujos, velocidades y afecciones, nos sirve para darle un lugar al individuo en esta geometría del absurdo que constituye el entramado en movimiento de la identidad (ser deveniente, soy siendo; esotropía intencional: eso otro entrópico con diferenciantes relacionales).
- Nietzsche y Heidegger. Fundamentos y presupuestos de esta corriente de pensamiento.
- Sloterdijk: antropotecnia; humanismo contemporáneo insertado en su tiempo y el pensador en escena.
Objetivos y estructura:
Proponer unas afueras del pensamiento institucionalizado que modelicen desde la literatura, desde la narración, desde la experiencia estética, esa nueva dinámica gnoseológica.
Como Julio Verne escribió en sus novelas lo que la ciencia calculó años más tarde, como las heroínas del cómic de los 50 tenían la fuerza, el derecho y el reconocimiento que el feminismo y el pensamiento de la diferencia sexual conseguiría en el plano político y del derecho más tarde, como el trampantojo encontró el “entre” de la pintura y la arquitectura, teorizado mucho más tarde por ingenieros y teóricos del arte.
En fin, atender a esa fantasía, ficción en ese sentido, no como una creación marginal, que en el mejor de los casos, corre paralela al discurso hegemónico de la Ciencia y de la Filosofía, sino como el reducido espacio que el sistema actual permite para la invención de lo vigilado (y en algunos casos prohibido), es decir, para la apertura de lo diferente.
Como en el teatro clásico, tres actos constituyen el recorrido. El primero transcurre por una breve introducción a los precedentes de la cuestión. El segundo desarrolla la idea básica del trabajo, a saber, la diferencia heroica. Por último, desplegamos la el aspecto estético anteriormente mencionado.
domingo 9 de noviembre de 2008
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